Mercoledí 17 maggio 2006

 


BARCELONA La retrospectiva de Perejaume, que esta tarde se inaugura en el Museu d Art Contemporàni de Barcelona (Macba) no es una muestra convencional. Algunas de las 150 obras reunidas bajo el título Deixar de fer una exposició se encuentran dispersas por la geografía catalana.
Así para ver el montaje Paisatges sotmesos a un far hay que desplazarse hasta el Observatori del Ebro; otras dos instalaciones, tituladas Pintors y Pinzellada, se encuentran en la estación de Servicio de Manlleu y en el Parral del Sobirà en Osor, respectivamente. «A mí me preocupa mucho la idea de geografía y la decisión de trasladar algunas de mis antiguas obras a distintos lugares de Cataluña es una manera de hacer las paredes del museo más transparentes, para poder abarcar un territorio más amplio», comentó ayer el artista.
El resto de las piezas que integran la muestra, abierta hasta el 20 de junio, ocupan toda la primera planta delmuseo. Realizadas entre 1977 y 1999, no se presentan de forma cronológica sino temática, «en parte para huir de la homogeneización en que caen a menudo los museos», precisó Manuel Borja-Villel, director del Macba. «Se debe también a las características del trabajo de Perejaume, vinculado a diferentes disciplinas como el teatro, la literatura, la fotografía y la pintura», añadió el director.
Nacido en Sant Pol de Mar en 1957, Perejaume tampoco es un artista convencional. A mitad de camino entre la reflexión conceptual y la poesía visual, ha centrado buena parte de su trabajo en la idea de paisaje y en los conceptos de imagen y representación.

Dejar de hacer una exposición

Del mismo modo que la naturaleza y la realidad son inaferrables en su constante devenir, se puede entender que una obra en evolución como la de Perejaume, que cada vez de una manera más evidente se expande en todas las direcciones, resulta difícil de explicar, de mostrar, de clasificar, en toda su riqueza y complejidad. Es muy significativo el hecho de que en 1999, cuando tuvo la oportunidad de realizar su primera gran exposición retrospectiva en el MACBA, Perejaume decidiese titular su muestra, justamente, Deixar de fer una exposició [Dejar de hacer una exposición]. Coherente con las teorías y prácticas desarrolladas en su obra literaria y artística, como la despintura o la desescultura. Esta es la paradoja y la dificultad de un arte que para devenir autocrítico necesita el mismo arte como referente. Un arte que deviene hasta cierto punto alegoría de la muerte del arte.
La pintura cobrint la terra [La pintura cubriendo la tierra] es el título de un dibujo –de hecho, se trata de una fotografía en la que se pueden ver los picos de una gran cordillera que ha sido repintada encima con grandes pinceladas que se esparcen por toda la superficie del papel– que abre el catálogo de la exposición Deixar de fer una exposició. Rosalind Krauss introdujo en su artículo “Sculpture in the Expanded Field” [“La escultura en el campo expandido”] incluido en The Originality of the Avant-Garde and Other Modernist Myths (1986) [La originalidad de la vanguardia y otros mitos modernos], a propósito de algunas de las obras, de finales de los sesenta y primeros de los setenta, de Robert Morris, Robert Smithson, Walter de Maria, Carl André, Richard Long, Hamish Fulton, y otros, la idea de que la escultura en el campo expandido, practicada por algunos de los autores más representativos del minimalismo y el land art, pertenecía por sus características formales y conceptuales a una nueva etapa en la historia del arte que había que inscribir dentro del postmodernismo. Sin duda, Perejaume, que bebe también de esta tradición, participa en muchas de sus obras de la idea de la escultura en el campo expandido. Lo que es más interesante de constatar es que toda su obra participa también de esta idea del campo expandido. La pintura, la escritura, la obra, mediante la metáfora, se expande sin límites. Solamente la operación de repintar, de reescribir, de releer la tradición, la naturaleza, en una nueva práctica crítica nos puede permitir comprender, alcanzar, nuestro mundo, nuestra realidad.

...sabía que escribir que no se puede escribir,
también es escribir"
Enrique Vila - Matas, Baterbly y compañia

"...cuando le pregunte porque no escribía, me dijo que
había decidido no escribir más.."
Herman Melville, Bartebly el escribiente

Bartebly pertenece a una extraña raza de escritores, y que aunque suene preocupante son los más, aquellos seres que sufren de una extraña pulsión que los hace negarse a si mismos, que los convierte en esa raza de escritores que no escriben o que nunca vuelven a escribir o lo que es peor -según como se vea- que se pasan media vida escribiendo en mismo libro, extraviados en su laberinto de su propia ficción, por lo que no son capaces nunca de poner punto final.
La actitud de Vila -Matas no es cuestionarlos o limitarse un simple catalogo, sino por el contrario, el rendirles un homenaje, el desnudar la admiración por la extravagancia, y quizás entre tanta ironía dejar traslucir una pizca de envidia "...es bien sabido que Dios calla, es un maestro del silencio, oye todos los pianos del mundo, es un consumado escritor del No, y por eso es trascendente..."(Bartebly y compañia, Barcelona, Anagrama - Quinteto, 2002, p. 27 )
Bartebly, el personaje de Melville, es un oficinista, cuya actitud frente a la vida, es la contemplación, y cuya respuesta frente a cualquier situación es "preferiría no hacerlo", es alguien que ha renunciado a su derecho de ir a alguna parte, y ha preferido quedarse donde esta, enraizarse en quien es, y que ha declinado de ser alguien distinto.
A partir de dicho relato, y respetando las características del original, Vila - Matas convierte al personaje en categoría y lo transporta a su propio mundo ficcional. En su novela, que en realidad es un diario, y que como además advierte el narrador un cuaderno de notas a pie de página; seremos transportados a la búsqueda de respuestas a preguntas tan inquietantes como ¿el porque no todos escriben? ¿porque hay quienes no escriben? ¿porque algunos otros dejan de escribir?
Las preguntas sirven de pretexto para que el narrador transite por la vida de escritores, poetas y filosofos de toda especie, en sus razones, en sus tormentos, en las cosas brillantes que hicieron, en las que dejaron de hacer, en algún momento y gracias al talento del escritor, estaremos frente a una caceria de fantasmas, en biografias en las que no podremos distinguir que sucede solo en la novela, que sucedio en la realidad frente a lo real. De donde vienene las palabras? a donde van? la reflexión con que cierra Bartebly y compañia, parece ser un alegato en defensa del silencio, un manifiesto por el derecho de las historias que no quieren ser contadas, porque en ocasiones no decir absolutamente nada, es la mejor manera de decirlo todo.